Tobenai Kagihime to Tokenai Hikoushi - Prólogo.

TOBENAI KAGIHIME TO TOKENAI HIKOUSHI

PRÓLOGO


Marge cree que nada despierta una tentación más intensa que la de aquello que está ‘prohibido’. Las golosinas de la alacena que no puedes comer. Los alfileres que un niño no tiene permitido tocar. Los cajones del cuarto de tu hermana, que no deberías abrir. Pero, sobre todo, la ‘caja verde’ que debe permanecer cerrada. La caja verde, una caja de color verde… Pero no puede recordarla muy bien.

A los seis años, Marge había sido abandonada frente a un monasterio cercano al lago, donde fue criada por monjas junto a otros tantos niños que se encontraban en las mismas circunstancias. En el monasterio San-Michel había muchas cosas ‘prohibidas’. Los niños eran forzados a la devoción religiosa, el cumplimiento de las leyes divinas y a una vida en pobreza. A pesar de que no se les daba nada de lo que querían, sí había innumerables restricciones. Parecía broma, había estrictas reglas incluso para determinar el número de mordiscos que debían dar al pan que se les daba por las mañanas y noches.

Aun así, Marge seguía tratando de romper todas y cada una de las ‘prohibiciones’ que se le imponían. Cada vez que algo sucedía, la hermana Marianne, directora del monasterio, se lamentaba diciendo:

“Margot, eres una chica tan problemática como la mismísima Hildezela”

Hildezela es la diosa del conocimiento y la verdad, pero de entre las siete diosas sobre las que se habla en el libro del génesis, se le considera la más incontrolable y traviesa. Al no poder controlar su propia curiosidad, la diosa había abierto una puerta que no debía ser abierta bajo ninguna circunstancia. Se dice que detrás de esa puerta se encontraba atrapada la malévola y astuta bruja Hughes y, desde entonces, los humanos empezaron a pecar, sin poder resistirse a la maldad y la tentación provocadas por los susurros de la bruja.

El resto de las diosas encerraron a Hildezela en lo profundo de una cueva por haber dejado escapar a Hughes. Más que nada, se atribuye a ella que los humanos deseen aprender o conocer algo. Es por eso que, aún hoy, hay muchas personas que la adoran como la diosa del aprendizaje y del comercio.

“Pero, hermana Marianne”

De esta manera, Marge objetaba cada vez que estaba siendo regañada

“Nada me divierte tanto como hacer lo que me dicen que no debo. Si me dicen que no puedo ver algo, necesito verlo a como dé lugar. Y si me dicen que no debo abrir alguna cosa, algo dentro de mí grita ‘¡Definitivamente tengo que abrirlo!’.”

La hermana Marianne palidecía. Había reprendido demasiadas veces a Marge, intentando persuadirla de que eso no estaba bien. Había veces en que, como castigo, se le dejaba sin comer y se le encargaba la limpieza de la capilla, pero no conseguían disuadirla ni un poco. 

Marge miraba de reojo a las estatuas de las diosas y, mientras fregaba el piso tarareando una canción, ordenaba la lista de ‘cosas prohibidas’ que le quedaban por hacer.

Aun así, en algunas ocasiones, esos sentimientos que no lograba comprender muy bien, eran demasiado incluso para ella misma. En momentos como ese, se quedaba mirando fijamente su reloj de bolsillo. La única pertenencia de Marge, la chica abandonada. Llevaba ese reloj colgando del cuello en todo momento, escondido debajo de su ropa interior. Al parecer, cuando fue abandonada a la edad seis años, ya lo tenía con ella. Era un reloj muy, muy bonito. Pero, por desgracia, la tapa no se abría.

Debido a que la tapa no se abría no había podido ver la cara del reloj, pero las monjas le habían enseñado que los relojes de ese tipo son llamados ‘Double Hunter’ y que tienen una tapa al frente y otra al reverso. Una de las tapas era de latón liso, con un ‘VI’ grabado justo en el centro. La otra estaba cubierta por un cristal, y tenía incrustados un gran número de engranes de diferentes tamaños.

Para ponerlo simple, las monjas lo consideraban carente de valor. El metal con que estaba hecho era rústico y carecía de delicados gravados. Tampoco tenía incrustaciones de piedras preciosas, como los relojes de plata que los aristócratas de la capital lucían.

Aun así, los engranes que se apreciaban a través del cristal eran hermosos. Los engranes, grandes y pequeños, de un color gris brillante y cuyas figuras sobrepuestas encajaban unas con otras, hacían pensar a Marge en una sola cosa

“Un mundo perfecto…”

Incluso el más pequeño de los engranes, del tamaño de la uña de un dedo meñique, debe servir un propósito y tener un significado. Quizás, activar ese mecanismo sea la única forma de abrir la tapa del reloj. Debido a que la tapa de cristal sí podía abrirse, debía haber alguna manera de poner en marcha a esos engranes.

Algún día. Tal vez cuando Marge sea un poco más grande, sea capaz de activar el mecanismo y abrir la tapa del reloj. Y, si pudiera hacerlo, ¿qué es lo que encontraría? ¿un mundo perfecto? Aunque quizás ese sea un mundo que no deba abrirse, que no deba ser visto…

Sin embargo, antes de abrir la tapa del reloj, los engranes del destino de Marge empezaron a girar de una manera inesperada.

A los nueve años, Marge, que tenía la mala costumbre de hacer muecas y no era para nada encantadora, captó la atención de un rústico cerrajero procedente de Olgren, ciudad capital del reino. Al poner sus ojitos cafés sobre ella, y sin pensarlo contenerse, él se acercó a abrazarla y le dijo

“Tú vas a ser mi hija. Yo soy un tipo bastante excéntrico, pero estoy seguro de que tú también lo eres. Es por eso que nos llevaremos muy bien. ¿Sabías esto? Las personas excéntricas se ponen tristes al estar solas, pero con compañía se vuelven terribles. ¿No te parece más agradable vivir de esa manera?”

Le gustaba esa forma de pensar. Era una explicación lógica que implicaba probabilidad y posibilidad. Sintió que penetró en lo más profundo de su corazón. La vestimenta de ese hombre estaba impregnada de un olor a tierra y a polvillo de hierro, pero de alguna manera la hacía sentir cómoda. Cómoda, y a la vez intranquila. Era una sensación de nostalgia, como si tratara desesperadamente de recordar algo. Al final, sin poder recordar nada, Marge se despidió del monasterio San-Michel.

Estaba emocionada, se sentía feliz, pero también quería llorar. Era un sentimiento muy extraño, como si quisiera gritar algo con todas sus fuerzas. Todo por culpa de esas palabras


“Tú vas a ser mi hija”

TRADUCCIÓN JAPONÉS-ESPAÑOL Y REDACCIÓN:
RAINY DEVIL

Nozomi Scanlation

Somos un grupo que se dedica a editar y traducir mangas de diferentes géneros sin fines de lucro.

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